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Fiestas


Conserva Villarrodrigo bastantes de sus antiguas tradiciones, haciendo de ellas el mejor de su patrimonio cultural. Así, dentro de su ciclo festivo, sobresale la celebración de San Antón -el 17 de enero-, día en el que se prenden hogueras en torno a las cuales se toman patatas asadas aderezadas con sal y pimienta, y se reparten las llamadas caridades de San Antón, consistentes en unas grandes roscas que se entregan en la iglesia parroquial de San Bartolomé. Ese día, desde antaño, ha existido la costumbre de pasear los animales de servicio de cada casa alrededor de la iglesia, en señal de acción de gracias al santo por la protección que cada año le proporcionaba a los mismos.

También por Santa Ana se celebran unos festejos populares, en los que desde antaño existe la costumbre de encender hogueras y repartir un pan de caridad entre los vecinos.

Dentro del ciclo festivo que anda parejo a las faenas agrícolas, digna de mención es la celebración de San Marcos -el 25 de abril-, fecha en la que es costumbre antigua salir al campo a "atar el diablo", acción de carácter mágico, consistente en efectuar un nudo en un puñado de matas verdes de la siembra sin que se rompan las cañas de las mieses. Ese día se prepara un hornazo que por su forma recibe el nombre de "rosco de San Marcos".

El domingo más cercano al 13 de mayo se lleva a cabo en la finca de El Losal, distante del pueblo unos cinco kilómetros, una romería en honor de la Virgen de Fátima, que data de 1948. En 1993 se construyó una ermita a la que acuden cada año gentes de todas las aldeas del municipio para celebrar un día festivo donde no ha de faltar ni la comida ni el baile, retornando la imagen en procesión de nuevo a la parroquia de San Bartolomé cuando cae la tarde.

El día 24 de agosto se celebra misa mayor en honor del patrón de la localidad, San Bartolomé.

Entre los días 24 y 26 de septiembre se celebran las fiestas en honor de la Virgen de Albanchez, patrona de la villa, y en cuyo honor se corren vaquillas, las cuales según tradición antigua se trasladan a pie desde el paraje conocido como el pozo nevazo,  hasta enlazar con el tradicinal recorrido urbano que desde la cuesta del rio enlaza con las calles Mesón, Santa Ana y Real hasta su llegada a la plaza de toros.

Los vecinos de Onsares, pedanía de Villarrodrigo, celebran desde 1928 el último domingo de mayo la romería de la Virgen Milagrosa, fecha en la que la maestra de esta aldea, Dolores Moya Atienza, sugiriera a las autoridades civiles y religiosas la celebración de la misma, para que de este modo los niños de la aldea pudieran celebrar su primera comunión en ella. Hasta 1953, fecha en la que se terminó de construir la ermita actual, esta imagen fue venerada como la Virgen de Bayonas, población ésta cercana y ya desaparecida. Los onsareños vuelven a celebrar otros festejos en honor de la Virgen Milagrosa en el mes de noviembre.

Antiguas tradiciones quedan aún vivas entre los villarrodrigueños, tales como las llamadas "misas de gozo", las cuales se celebran desde antiguo durante los nueve días precedentes al 24 de diciembre, día en el que se oficia la misa del gallo. Representan estas misas los nueve meses de gestación de María, y en el transcurso de las mismas se cantan villancicos populares.

Posee esta zona una privilegiada situación estratégica que ha ido formando su peculiar estilo folclórico, ya que su inmersión plena en la Sierra de Segura, junto a la cercanía a la zona manchega, han ido atesorando connotaciones muy ricas y variadas en sus canciones y danzas populares.

Por un lado en esta zona está muy arraigada la interpretación de la jota serrana, que se bailaba por numerosos grupos de hombres y mujeres que se situaban en círculo, iniciando el baile el peculiar "saludo serrano" entre los participantes, para el que los hombres se van desplazando para dar una palmada en la espalda de todas las mujeres. Tras este ritual se iniciaba la jota, de gran fuerza en su interpretación, compuesta de coplas, estribillos, en los que se cambiaba la pareja, y un paseíllo musical en el que con pasos más reposados se descansaba hasta la entrada de la siguiente copla por el cantaor. El baile solía ser incansable, de gran fuerza y muy vigoroso en sus pasos, siendo el preferido en las reuniones sociales.

La música se produce principalmente con la guitarra y el cantaor entra a capricho, por lo que había que estar muy pendiente de la entrada, siendo motivo de burla los que se quedaban "descolgaos" del baile. Es muy peculiar, al igual que en toda la zona, el acompañamiento rítmico de los platillos metálicos, que al frotarse llevaban el ritmo en el baile.

Otra modalidad muy extendida era la interpretación de la malagueña serrana, más reposada y elegante que la jota, que se podía bailar suelta o "agarrá" por hombres y mujeres, pudiendo soltarse en cualquier momento para iniciar algún paso muy diestro.

Estas danzas se ejecutaban en los bailes que se organizaban en los cortijos y aldeas con motivo de las bodas, bautizos y "remates" de aceituna, a la luz del candil y hasta bien entrada la madrugada, y para rondar en los invites de boda a los recién casados en la ventana, que era decorada con romero y tomillo.

Otras danzas que también se interpretaban eran los pasodobles, las mazurcas, el minué y las polcas, todas ellas ejecutadas con gran destreza.

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